Un traje íntimo de Nana
En el centro de la composición pictórica, casi de tamaño natural, se encuentra la prostituta Nana (nombre genérico para todas las prostitutas parisinas de la época). En cuanto a su traje viste una especie de camisón con enaguas, sobre ésta un corsé azulado, elegantes medias de seda y zapatos con tacos muy de moda. Al frente de un espejo con dos velas, ella está ocupada poniéndose maquillaje tomando en sus manos el soplo
de polvo y el lápiz labial. Un gesto con el dedo meñique extendido sugiere la delicadeza de su trato. La silueta que le impone el corsé es de curvas suaves que se estiliza con la elevación del zapato apuntalado; remarca esta sensación de liviandad, a pesar de la rigurosidad del traje, las austeras ornamentaciones de perlas y brazaletes. El recogido cabello hacia arriba con un lazo complementa la verticalidad de la propuesta visual. Detrás de su espalda, en el sofá, espera el siguiente cliente que lleva un traje y un sombrero de copa, listo para ella. El color negro característico del traje masculino del siglo XIX, se contrapone con toda la escenografía. La figura de este personaje está separada al borde de la imagen ya que tiene que compartir la atención de Nana, porque ella no sólo ha terminado con uno y espera al siguiente, sino que coquetea con un tercero: nosotros sus
espectadores ya que el pintor nos integra en la escena para estimular nuestra admiración y deseo.
Hugo J. Robles Cosco
CIHAPA
Hugo J. Robles Cosco
CIHAPA
Edouard Manet, Nana, Hamburger Kunsthalle, 1877


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